Imaginen … Panamá. I. XLVI.

Instrucciones para el hallazgo.

1. Dispongan de un dispositivo electrónico que permita el acceso a la red de comunicación reconocida como internet. El dispositivo electrónico ha de contar con pantalla.

2. Hallen visualmente en la pantalla y ante sí el logo corporativo de un buscador de información en tal red. Pulsen sobre él – acaso con el extremo de un dedo, acaso con la móvil representación de una flecha – una o dos veces – disculpen la falta de rigor -. Internet ha de hacerse accesible en un cambio de apariencia de la pantalla ante ustedes.

3. Encuentren visualmente en la pantalla ante ustedes un espacio oblongo horizontal que no oculta en uno de sus límites la representación no móvil de una lupa. Tal espacio oblongo – en distinto color mostrado – ha de ser pulsado una vez sola – acaso con el extremo de un dedo, acaso con la móvil representación de una flecha, – para poder realizar la busqueda de información. Una vez pulsado el espacio oblongo, ha de descubrirse una palpitante y breve recta vertical situada a la izquierda dentro del espacio oblongo.

4. Tal recta y su latido indican que ustedes ya pueden introducir los pocos datos que puedan conducir a una información más extensa. Para ello, ha de usarse un teclado exterior a la pantalla o un teclado interior a la pantalla – el cual aparecerá ante ustedes cuando hayan pulsado con el extremo de sus dedos el espacio oblongo -.

5. Finalmente, introduzcan los siguientes datos:

5.1. Nombre y apellidos de quien guste decorar la perspectiva de la fachada del edificio de su empresa con una tela bicolor al final de un mástil presa.

5.2. El nombre propio Panamá.

El hallazgo es inmediato.

—-

GRACIAS A QUIENES ME SEGUÍS ESCRIBIENDO Y, ESPECIALMENTE, A QUIENES ME HABÉIS REVELADO ESTA ÚLTIMA INFORMACIÓN.

COMO SIEMPRE, UN ABRAZO.

Anuncios

George C. de Lantenac – Racismo, Xenofobia: la autoestima dañada.

 

Racismo, Xenofobia: la autoestima dañada.

 

Lo afirmo: es el Racismo una incredulidad y su indignación. Quien a ese término se refiere, reconoce la pertenencia de cualquier ser humano a la especie humana; mas rechaza que así sea: cómo puede aquél de quien afirmo que difiere de mí integrar la misma Raza que yo. Donde la percepción de la diversidad se ha establecido – educado – previamente. ¿ Es entonces el Racismo el rechazo de la diversidad dentro de misma Raza ? El Racismo es el rechazo a la propia Raza por producir diversidad, es un rechazo al ser humano como especie. Pero, ¿ cómo renunciar a esta pertenencia sin anonadarse ? Se hace relevante la diversidad mas para tratarla como diferencia y como excluyente – lo que atraería otra clasificación –. Así, ocultos tras sí mismos, quienes pueden ser referidos al término Racismo resemantizan la pertenencia para clasificar a los sólo divergentes individuos humanos fuera de la Raza.

Identificar Raza y Estado es el siguiente paso: la no pertenencia a la Raza vale no pertenecer al Estado. El extranjero no pertenece, así, a la especie humana. La Xenofobia reencarna aquel rechazo de la propia Raza transfigurado ahora en otra exclusividad de los términos.

 


 

 La reproducción del texto de George C. de Lantenac se realiza con el expreso consentimiento del traductor de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, Albert Sans. El título dado a este texto traducido es, al tratarse de un fragmento, una propuesta del propio Albert Sans.

Joyce Kilmer – Trees.

Joyce Kilmer ( 1886 – 1918 )

 

TREES

I think that I shall never see
A poem lovely as a tree.

A tree whose hungry mouth is prest
Against the earth’s sweet flowing breast;

A tree that looks at God all day,
And lifts her leafy arms to pray;

A tree that may in Summer wear
A nest of robins in her hair;

Upon whose bosom snow has lain;
Who intimately lives with rain.

Poems are made by fools like me,
But only God can make a tree.


 

This poem belongs to the Public Domain.

 

 

 

Purdah IV – Imaginen … XLV.

¿ Recuerdan a la mujer que fue el centro de la narración en tres textos anteriores ?

¿ Recuerdan también aquella comunidad de conciencia ? Imaginen ahora, y entre sus miembros, arraigando como la esperanza de un resarcimiento, este desasosiego: quienes en la empresa ocuparan puestos de responsabilidad tales que les permitieran asistir a reuniones, habrían de, al menos, sospechar, que aquellos empleados y aquellas empleadas sin acceso a las reuniones habrían llegado a saber del libro de estilo privado de la empresa.

Mas imaginen que voces de varios miembros de la comunidad de conciencia se hicieran oír:

– No nos delatemos. Ni siquiera apenas. El riesgo para muchas familias es suficiente convicción para no hacerlo. La humillación que sentimos al conocer el contenido de sus reuniones se equilibra con su desconocimiento de este hecho.

– Parece un argumento del miedo a través del pseudo-argumento de un orgullo ficticio.

– Así arguye la supervivencia.

– Así arguye la supervivencia.

Imaginen que, de esta forma, el desasosiego hubiera sido persuadido en absoluto. O no. Imaginen que un miembro de la comunidad de conciencia resolviera que no solamente fuera sospechado su conocimiento de los contenidos de aquellas reuniones exclusivas por quienes a ellas por jerarquía acudieran.

Imaginen.

Purdah III – Imaginen … XLIV.

¿ Recuerdan a la mujer que fue el centro de la narración en dos textos anteriores ?

Imaginen el edificio que a aquella empresa representara. Imaginen a sus empleados y empleadas en tránsito por su interior, sus encuentros resolviéndose en una mirada brumosa, en un movimiento de cabeza, en una cortesía encriptada. Imaginen que entre los empleados y empleadas existiera una jerarquía, digamos del tipo que permitiera o prohibiera la asistencia a una reunión.

Imaginen ahora entre aquellos trabajadores y aquellas trabajadoras a quienes, por aquella jerarquía, se determinaran en funciones subordinadas. Pero que sus miradas, sus movimientos de cabeza, su cortesía, hubieran alterado su cualidad o el código de su significación en el encuentro con quienes, por aquella jerarquía, pudieran ser convocados a reuniones. He aquí, diríase, el motivo: los trabajadores y las trabajadoras en tal edificio de tal empresa habrían recibido y escuchado los registros sonoros que la mujer que fue el centro narrativo de los dos textos anteriores habría recogido en su dispositivo telefónico, mentidamente desconectado, durante su asistencia a aquella reunión; registros sonoros compartidos apenas un día después del acontecimiento donde lo original sonoro se produjera.

Imaginen finalmente a los empleados y empleadas jerárquicamente en relación de subordinación convocando y asistiendo a sus propias reuniones: creando una comunidad de conciencia, desconocida …

… Aún.

Purdah II – Imaginen … XLIII.

Purdah II.png

¿ Recuerdan a la mujer que fue el centro de la narración en el texto anterior ?

Imagínenla en un área de descanso en aquel edificio de aquella empresa, en un sillón sentada, observando a quienes también habrían acudido a tal espacio recreativo y por su lado transitaran o a ella dirigiesen un saludo o en círculo pasearan frente a un ventanal, un tranquilizador vaso de plástico en la mano.

Ha de saberse.

Ha de saberse.

Ha de saberse.

Ha de saberse.

Ha de saberse.

Ha de saberse.

Se repetiría.

Va a saberse.

Y se sabría.

 

Purdah I – Imaginen … XLII.

Imaginen una empresa. Imaginen una reunión en una sala del edificio que la representara. Imaginen que, tras tomar asiento, quienes allí hubieran sido convocados y convocadas procedieran a silenciar sus dispositivos telefónicos para así anular cualquier posible perturbación. Imaginen ahora que, tras ello, quienes allí estuvieran, procedieran a introducir sus dispositivos telefónicos en bolsillos o carteras o bolsos por el tiempo que la reunión fuera a durar.

Mas imaginen que una de las asistentes a la reunión no hiciera acto de ese último paso – probablemente anunciado – y depositara el dispositivo telefónico sobre la mesa que marcaría el centro de la sala. Y más: imaginen que el dispositivo telefónico no hubiera sido tan sólo silenciado – como probablemente hubiera anunciado – sino que la aplicación Grabadora de voz hubiera sido activada para secretamente registrar las palabras, las intervenciones de la personas allí congregadas.

Imaginen a la mujer asistente desconcertada en el transcurso de la reunión ante los contenidos y las opiniones expresadas y ante las decisiones y las conclusiones resueltas; desconcertada en el contraste con lo defendido en el libro de estilo de la empresa. Libro de estilo que sería público. Imagínenla descubriendo que habría otro libro de estilo, privado, que sería la esencia del libro público. Y que la lealtad al libro público ha de pasar primero por la lealtad al libro privado. 

Imaginen finalmente a la mujer que habría asistido a la reunión observando señaladamente el dispositivo telefónico ante sí, …, en él gestándose los archivos sonoros como en una víspera de alumbramiento.

Como en una víspera de Revelación.