Imaginen … el cimiento de un proyecto. LXIX.


Yo no desconocía que desde la recientemente construida prolongación de la base de operaciones se dominaba una extensión apenas visualmente estorbada. Desde donde nosotros nos encontrábamos se observaba la barata estructura de cristal y metales. Fue allí que comuniqué la noticia al mendaz profesor; pronunciadas las palabras, el educador levantó la cabeza y, frunciendo el entrecejo, miró hacia el mísero compartimento allá en el segundo piso del edificio central; segundos después, me arrastraba fuera de cualquier percepción desde él.

La recelosa criatura me saludó fría y humanamente por última vez y, compasivo, me alejé de ella. De ésa cuya pronunciación de consonantes le negaría selectiva ser inquilina de despacho.

Me alejaba del cimiento del proyecto.

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