Imaginen … Vis a tergo. CV.

– Miente, …, miente mucho.

 Lo enunció quien con Julian Mathews hubiera trabajado, hasta entonces, unos veinte años.

– Nos dejas. Bueno, seguiré tus pasos en dos años … Julie habrá terminado su último curso para entonces.

 Julian lo declararía ante mí. No supo evitar, antes, sonreír. 

 Cumplido el tiempo de la graduación de la hija, el profesor no abandonaría el centro educativo privado. Una de las imágenes recientemente exhibidas le muestran en pie sobre un peldaño. Vasto, notable, pintado. 

 Disiento, no obstante, de la afirmación de aquel profesor primero: Julian Mathews nunca ha mentido.

Imaginen … Quehacer de vileza. CII.

Permitís, padres y madres, que las fotografías de vuestras hijas se muestren en la portada de la publicación. Permitís que una empresa o colegio privado se publicite en los resultados de las competiciones participadas por ellas. En los trofeos.

Permitís que, para la empresa o colegio privado, vuestros hijos sean el trofeo.

Qué esperar, sin embargo, de quienes han expuesto a su progenie a la vileza del enfrentamiento y la Excelencia.

Kakoû kórakos kakòn ōón.

Imaginen … un fantasma prestado. XCVIII.

El propietario de la empresa, durante una de las primeras reuniones, me refirió que su madre acababa de fallecer. Fueron después mis condolencias y las anécdotas y las risas y la emoción entrañada. Fue a continuación que inquirió sobre mi progenitora. En Toledo, viuda y feliz de verse libre de los hijos, pensión y salud quebradiza. Apenas hubo encuentro posterior en cuya conversación no se aludiera a la mamá manchega.

 Imagino ahora que quise acompañarle la soledad con la referencia, que equilibraba su pérdida con una presencia tan similar a la que aludir … 

 Mi amigo Albert lo describe como piedad, como una de las formas del abrazo, pues mi madre alcanzó el fin de sus días veinte años antes de conocer al director del colegio privado.

 Le presté un fantasma que, vivo, hasta esta lectura le ha acompañado.

Imaginen … el logro. XCVII.

En las imágenes, el propietario de la empresa aparece ante su clientela; también ante un escritorio y un micrófono. No lejos de él se observa a un profesor. Escolta, se diría. Los clientes y las clientas, en orden por separación, parecen escuchar el monólogo sobre moral que se les dirige – no imagino este contenido, pues ha sido declarado -. 

 Una disposición muestran las imágenes que declara la medida del logro del centro educativo privado: la aparente irregular distribución de docentes entre la clientela. 

Imaginen … la puerta dibujada en el muro. XCIV.

 Fueron convocados los miembros de la junta. Presente, sentí, apenas comenzada la reunión, una desorientación: varios empleados y el propietario de la empresa trataban acerca de una materia que yo era incapaz de identificar. Era toda mi pérdida de pie la impresión de que continuaban una conversación previa, cuyo contenido, claro, yo desconocía. El propietario puso pronto fin a la formalidad:

– Bien, de acuerdo, se hace si me convencéis.

 Tras escuchar estas palabras, uno de los empleados inclinó la cabeza y en su rostro creí descifrar una expresión única de impotencia y desamparo.

 Café mediante, narré este sucedido a mi amigo Albert Sans, quien dijo recordar una definición en El Diccionario del Diablo, de Ambroce Bierce, que acaso – declaraba – se ajustara a la referencia de uno de los hombres participantes en el imposible debate. 

 Albert me ha enviado esta su traducción de la entrada IDIOT y con su permiso la publico:

 Miembro de una extensa y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos siempre ha sido dominante y controladora. La actividad del Idiota no se limita a ningún campo de pensamiento o de acción, sino que “todo lo permea y regula”. Tiene la última palabra en todo; su decisión es inapelable. Él establece las modas y la opinión del gusto, dicta los límites de la expresión y circunscribe la conducta con un vencimiento.

 Imaginen …

Imaginen … luces negras. XCIII.

Es una empresa. El centro privado, quiero decir. Que la presencia de niños y niñas, de chicos y chicas, de personal en posesión de títulos universitarios vinculados a la instrucción, no divierta su cuidado: es una empresa.

 Usemos algunas luces negras para revelarla: 

 El director general no tiene pasado alguno como docente.

 Quienes poseen títulos universitarios vinculados a la instrucción aceptan la orientación de aquel que no tiene pasado alguno como docente.

 Treinta períodos lectivos en cinco días, grupos de veinticinco alumnos y alumnas, desafían cualquier compromiso con cualquier preparación individualizada.

 La Excelencia sería inviable sin las horas – no remuneradas, claro – ocupadas en la corrección de tareas y preparación de contenidos, por parte de profesores y profesoras, fuera de aquellas recogidas en un contrato.

 Imaginen …

Imaginen … la llanura de Mecone. XCII.

La llanura de Mecone.

 Comunica Jean-Pierre Vernant que un proverbio griego afirma que la sola posesión de tierras en este llano asegura la riqueza, pues el lugar es ubérrimo y los cultivos y las cosechas no se ven afectadas por condiciones atmosféricas adversas o por malos años. Fue Mecone la llanura donde, una vez, convivieron dioses y hombres.

 Creamos en esta bendición. En llanuras y en jardines altos: en éstos hallamos colegios privados donde, sin importar la añada, los cultivos y las cosechas no sufren aflicción alguna. La riqueza asegurada, así.

 Una diferencia acierto a declarar, no obstante: dioses y hombres aún cohabitan los jardines.