Imaginen … la permanencia de la corriente. LXXXIV.

Si observan, esta fotografía aquieta agua que manaba de varios surtidores; imagen también el agua que yace. Agua brotada, ida. La identidad imposibilitada. Cerca, detrás diría, la fotografía muestra un águila fijada en piedra. Quienes contemplaren agua y águila unirán un movimiento, una continuidad, de conocer previamente sustancia y ave. Unirán flujo, afirmaría que vitalidad.

Un águila tallada sobre un monumento en un jardín. Percepción de vigor por la piedra prestado. Permanencia de la corriente.

Diaria educación de cientos de visitantes. Siglo XXI: la epidemia que no cesa.

Jardines de Murillo, ciudad de Sevilla. Junio de 2021.

Imaginen … este perfil de aire. LXXXIII.

La voz llega desde lejos, nítida, sin embargo, en la relajada pronunciación. 

– El título ya te lo dice … Ocnos … ¡ Maricón !

 La voz termina, no las resonancias, pues son anteriores al profesor de quien proviene y que son un triunfo sobre él y su ficción de lo inédito o propio.

 Imaginen …

Ciudad de Sevilla. Junio de 2021.

George C. de Lantenac – Contra la Excelencia. Imaginen … LXXXI.

Contra la Excelencia.

Una empresa sólo puede ofrecer Educación como producto de mercado. Y en el mercado, todo producto ha de presentarse como no menos que Excelente. La empresa ha de obtener beneficios – es, por ello, empresa -. 

 La Excelencia Educativa es una oferta privada; sus valores, estrictamente singulares: valor, precio, coste. Es, sin embargo, la excelencia educativa ofrecer educación a quienes no pueden acceder a las ofertas de mercado que han de perpetuar las clases sociales en nombre de la Excelencia de valor. 

 Recuerde: si usted no puede acceder a la oferta, usted no es Excelente. Su medida, la de usted, es la de un producto de mercado. También si usted puede acceder. En ambos casos, son ustedes la clasificación – el juicio – desde un despacho.

 Rechácenla.

——

 La reproducción del texto de George C. de Lantenac se realiza con el expreso consentimiento del traductor de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, Albert Sans. El título dado a este texto traducido es, al tratarse de un fragmento, una propuesta del propio Albert Sans.

Imaginen … Sin personificación no hay miedo. LXXX.

Más de una década ha que permanece, no adverso al retiro, mas sí a sus semas connotadores. 

 Afirmaría que sólo dos motivaciones acuerdan la continuidad de vuestro dador de recta: la deteriorada confianza que alguna vez se ha dicho tener en vuestras capacidades no docentes y la descreencia primera en el proyecto, pues ha imaginado que su ausencia retirará, agente, la pantalla y en los haces de luz sin destino de la linterna mágica se mostrará que es sólo un mecanismo y, su ruido, lo latente.

 Bueno, también teme al tiempo. Al. Sin personificación no hay miedo. Pues imagina también un arquetipo de consecución y hacia él calcula dirigirse para equilibrar lo inevitable muerto. En la desesperación que espera se cierra su dialéctica.

 Afirmaría ahora que sólo hay una motivación, ido ya en la pérdida anticipada.

 Añadan otro círculo a su infierno.

Invidia.

Invidia recoge los textos clasificados como Imaginen … en joaquinplana.wordpress.com y numerados de LXI a LXX. El volumen contiene, además, cinco haikús puros no aparecidos hasta ahora.

Descarga segura y gratuita también en:

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Invidia es el quinto volumen de la serie Imaginen …, a la que también pertenecen las obras Cueva de Ilotas Exánimes, Extenuación por la Implacable Sosa, Purdah y La piedra de Heráclea.

Imaginen … el cimiento de un proyecto. LXIX.


Yo no desconocía que desde la recientemente construida prolongación de la base de operaciones se dominaba una extensión apenas visualmente estorbada. Desde donde nosotros nos encontrábamos se observaba la barata estructura de cristal y metales. Fue allí que comuniqué la noticia al mendaz profesor; pronunciadas las palabras, el educador levantó la cabeza y, frunciendo el entrecejo, miró hacia el mísero compartimento allá en el segundo piso del edificio central; segundos después, me arrastraba fuera de cualquier percepción desde él.

La recelosa criatura me saludó fría y humanamente por última vez y, compasivo, me alejé de ella. De ésa cuya pronunciación de consonantes le negaría selectiva ser inquilina de despacho.

Me alejaba del cimiento del proyecto.

Imaginen … un criadero de serpientes. LXVIII.


Lo afirmé:

– Es una serpiente.

La directora no hizo pausa:

– Bueno, pues si es una serpiente, es nuestra serpiente: la hemos criado nosotros.

La serpiente se quedaría. Mis reuniones clandestinas con los padres de la serpiente ya se estaban programando, no obstante. Alrededor de las siete en punto de la tarde, cuando sólo el otro dueño de la empresa aún permanecía en el edificio, mas demasiado confiado en su camarote imaginado. En mi despacho, el micrófono inoperante en el ordenador desconectado.

La serpiente se quedaría, con su memoria a corto plazo actualizada en mi presencia. Fui enfrentado por ello:

– ¿ Pudiste echarlo ?

Reproduje entonces la conversación con la directora. Quien me preguntara sí hizo una pausa:

– Tendrías que haberlo echado.

No supe responderle. Acaso podría haberlo hecho con la información sobre el tiempo del proyecto educativo privado que muestra la publicidad de la empresa.

– Esto es un criadero.

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