Imaginen … la categoría y la especie. CXIV.


Una mujer anciana mendigaba comida ante una detenida verdulería ambulante; tras aparentar brevemente un cálculo, el vendedor levantó una cebolla en la mano y la tendió. La mujer tomó la cebolla y, mirando en los ojos del hombre, la descascarilló primero y comenzó a comérsela después.

 Profesor, profesora, de centro privado: te clasificas en la misma categoría de la comprensión y en la misma especie. En la sociedad de la competición la percepción de la distinción mueve el afán y él da valor a las posiciones prefiguradas. Es lo que llamas voluntad y subjetividad su triunfo.

 Imagina …

Imaginen … el plan, la metáfora. CXIII.


Albert Sans – Plan o metáfora.

Desalienta la creencia en la raíz. Sujeta, retiene. La planta, el árbol, dejará de crecer.

 En la creencia, sin raíz no se vive. Cosmovisión o plan, el plural confirma la metáfora en la imagen de la red. 

 Un reflejo se anexa la metáfora en la podredumbre de la carne en la tierra. La detención embellecida de duración, la utilidad, como destino, como forma de inmortalidad.

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© Albert Sans. El texto se reproduce con el expreso consentimiento del autor.

Imaginen … el trapiche. CXII.


 No podéis sino ser fruto y molino. Es el aprendizaje de la forma el solo legado en vuestro innegable ejercicio de docencia. Abstracción el contenido. Y vehículo. 

 A vuestra merced el alumnado, reverberáis el daño o mecánica. Imposible la conciencia del mal, la satisfacción alivia una desatendida soledad en la comunidad de la continuidad favorecida; en ésta, en una bruma como una certeza, fabuláis también permanencia y os validáis en oposición al anidado sentimiento de insignificancia.

 Profesores, profesoras, de centro educativo privado: una máquina que ya no reproduce la función planeada para su creación, cumple la de un símbolo; el recinto que cohabitáis contiene una, uno.

 Ya no creemos en las coincidencias. Imaginen …

Imaginen … el escalofrío. CXI.


Empleados y empleadas del centro privado registran en línea valoraciones de cinco estrellas.

 Empleados y empleadas del centro privado – en él treinta años de hacendosa historia -, registran en línea valoraciones de cinco estrellas.

 Familiares de empleados y empleadas del centro privado registran en línea valoraciones de cinco estrellas.

 Uno de los empleados del centro privado, franquista de llavero y adhesivo, erige en línea una torre de vigilancia en la apariencia de una valoración de cinco estrellas.

 El mismo empleado del centro privado, franquista de llavero y adhesivo, fija en línea así, también, instrucciones en la apariencia de una valoración de cinco estrellas.

 Hay varias formas del terror en los párrafos anteriores.

 Escalofrío, ya en su pantalla amiga.

 Imaginen …

Imaginen … Athene noctua. CX.


Como el águila, el ave de Atenea es un ave rapaz. Atenea o sabiduría, mas Atenea o tácticas de guerra.

 El ave de Atenea es un emblema, como un águila pudiera serlo. Fiel, el emblema en el colegio privado la alude, así en la luz ocultada.

 Imaginen no creer ya en las coincidencias.

Imaginen … la disponibilidad. CVIII.


El docente decidió muy pronto que estaría siempre disponible para cualquier integrante del alumnado. Fue entonces que, diáfanamente, dio con un sistema para tal fin: dada la hedionda vehemente transpiración de sus axilas, dejaría de usar producto higiénico anti-odorante alguno para que, en la brisa, los y las estudiantes no tuvieran más que alzar sus aristocráticas narices, olfatear y descubrir por saturación, casi al instante, en qué parte de la finca se hallaba el profesor y allí dirigirse. Excelencia, sólo, del sistema, pues no tiene, siquiera, que ser explicado o informado.

 Admirable, afirmo. Algunos de nosotros no aspiramos ya a conocer la gracia de semejante generosidad.

Imaginen … piratas. CVII.

Lo afirmó el hombre:

 – Si un estudiante insulta a un profesor, el estudiante se va del colegio.

 Son exactas las palabras. Grabadas. El hombre era – es – el ideólogo o propietario, valga la redundancia. 

 Fueron después una crisis y una morosidad acentuada. También el insulto presentido. Un ex-sacerdote se haría cargo de la afrenta – disculpen la frivolidad del prefijo, pues no se puede dejar de ser sacerdote -, mudándola en solicitud de indulgencia.

 Bueno, el profesor abandonó el centro privado y el alumno supo de un último año de estudios y de la reiterada ceremonia de navegantes y mares e Ítacas. Una carencia en los discursos, diría: contar al pirata entre los marinos que también da la Excelencia.

Imaginen … Sombra. CVI.

 Lacayo o cómplice, aparecía cuando el micrófono en el ordenador había dejado de transmitir. En un monitor, su amo no inocentemente me mostraría alguna vez la conexión de todos los dispositivos en las aulas con el suyo. Lo he compartido con anterioridad: la extendida presunción dejaba de ser.

 Era desde las lecturas de aquellos mis entonces que yo percibía siniestro al designado técnico informático: figura gris que abandonaba las tinieblas creadas y habitadas por un caudillo de camarote y se deslizaba en la luz para cumplir sus disposiciones, cruzaba el espacio entre puerta y escritorio haciendo oblicuo contacto visual. Siniestro en la doblez, en la obediencia, en la colaboración necesaria y ofrecida. En la sospecha de que acaso supiéramos, en la persuasión de que no. Comprendo ahora la selección de las ropas, el corte de pelo, el tipo de afeitado: no se presta atención a las sombras.

 Francesco Gonsalves. No podía olvidarte, claro. Tu silueta ha sido, sólo, más difícil de advertir destacada en la umbría.

 Desde mis lecturas aquellas, siniestro. Todo, diría: un oscuro señor, unos oscuros servidores que, viles, se ofrecen a seguirle. Peor: a continuarle. Cáspita, quién diría que estuviera escribiendo sobre un colegio privado.

Imaginen … Quehacer de vileza. CII.

Permitís, padres y madres, que las fotografías de vuestras hijas se muestren en la portada de la publicación. Permitís que una empresa o colegio privado se publicite en los resultados de las competiciones participadas por ellas. En los trofeos.

Permitís que, para la empresa o colegio privado, vuestros hijos sean el trofeo.

Qué esperar, sin embargo, de quienes han expuesto a su progenie a la vileza del enfrentamiento y la Excelencia.

Kakoû kórakos kakòn ōón.