Imaginen … un fantasma prestado. XCVIII.

El propietario de la empresa, durante una de las primeras reuniones, me refirió que su madre acababa de fallecer. Fueron después mis condolencias y las anécdotas y las risas y la emoción entrañada. Fue a continuación que inquirió sobre mi progenitora. En Toledo, viuda y feliz de verse libre de los hijos, pensión y salud quebradiza. Apenas hubo encuentro posterior en cuya conversación no se aludiera a la mamá manchega.

 Imagino ahora que quise acompañarle la soledad con la referencia, que equilibraba su pérdida con una presencia tan similar a la que aludir … 

 Mi amigo Albert lo describe como piedad, como una de las formas del abrazo, pues mi madre alcanzó el fin de sus días veinte años antes de conocer al director del colegio privado.

 Le presté un fantasma que, vivo, hasta esta lectura le ha acompañado.

Imaginen … la puerta dibujada en el muro. XCIV.

 Fueron convocados los miembros de la junta. Presente, sentí, apenas comenzada la reunión, una desorientación: varios empleados y el propietario de la empresa trataban acerca de una materia que yo era incapaz de identificar. Era toda mi pérdida de pie la impresión de que continuaban una conversación previa, cuyo contenido, claro, yo desconocía. El propietario puso pronto fin a la formalidad:

– Bien, de acuerdo, se hace si me convencéis.

 Tras escuchar estas palabras, uno de los empleados inclinó la cabeza y en su rostro creí descifrar una expresión única de impotencia y desamparo.

 Café mediante, narré este sucedido a mi amigo Albert Sans, quien dijo recordar una definición en El Diccionario del Diablo, de Ambroce Bierce, que acaso – declaraba – se ajustara a la referencia de uno de los hombres participantes en el imposible debate. 

 Albert me ha enviado esta su traducción de la entrada IDIOT y con su permiso la publico:

 Miembro de una extensa y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos siempre ha sido dominante y controladora. La actividad del Idiota no se limita a ningún campo de pensamiento o de acción, sino que “todo lo permea y regula”. Tiene la última palabra en todo; su decisión es inapelable. Él establece las modas y la opinión del gusto, dicta los límites de la expresión y circunscribe la conducta con un vencimiento.

 Imaginen …

Imaginen … Sin personificación no hay miedo. LXXX.

Más de una década ha que permanece, no adverso al retiro, mas sí a sus semas connotadores. 

 Afirmaría que sólo dos motivaciones acuerdan la continuidad de vuestro dador de recta: la deteriorada confianza que alguna vez se ha dicho tener en vuestras capacidades no docentes y la descreencia primera en el proyecto, pues ha imaginado que su ausencia retirará, agente, la pantalla y en los haces de luz sin destino de la linterna mágica se mostrará que es sólo un mecanismo y, su ruido, lo latente.

 Bueno, también teme al tiempo. Al. Sin personificación no hay miedo. Pues imagina también un arquetipo de consecución y hacia él calcula dirigirse para equilibrar lo inevitable muerto. En la desesperación que espera se cierra su dialéctica.

 Afirmaría ahora que sólo hay una motivación, ido ya en la pérdida anticipada.

 Añadan otro círculo a su infierno.