Imaginen … la puerta dibujada en el muro. XCIV.

 Fueron convocados los miembros de la junta. Presente, sentí, apenas comenzada la reunión, una desorientación: varios empleados y el propietario de la empresa trataban acerca de una materia que yo era incapaz de identificar. Era toda mi pérdida de pie la impresión de que continuaban una conversación previa, cuyo contenido, claro, yo desconocía. El propietario puso pronto fin a la formalidad:

– Bien, de acuerdo, se hace si me convencéis.

 Tras escuchar estas palabras, uno de los empleados inclinó la cabeza y en su rostro creí descifrar una expresión única de impotencia y desamparo.

 Café mediante, narré este sucedido a mi amigo Albert Sans, quien dijo recordar una definición en El Diccionario del Diablo, de Ambroce Bierce, que acaso – declaraba – se ajustara a la referencia de uno de los hombres participantes en el imposible debate. 

 Albert me ha enviado esta su traducción de la entrada IDIOT y con su permiso la publico:

 Miembro de una extensa y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos siempre ha sido dominante y controladora. La actividad del Idiota no se limita a ningún campo de pensamiento o de acción, sino que “todo lo permea y regula”. Tiene la última palabra en todo; su decisión es inapelable. Él establece las modas y la opinión del gusto, dicta los límites de la expresión y circunscribe la conducta con un vencimiento.

 Imaginen …

Imaginen … luces negras. XCIII.

Es una empresa. El centro privado, quiero decir. Que la presencia de niños y niñas, de chicos y chicas, de personal en posesión de títulos universitarios vinculados a la instrucción, no divierta su cuidado: es una empresa.

 Usemos algunas luces negras para revelarla: 

 El director general no tiene pasado alguno como docente.

 Quienes poseen títulos universitarios vinculados a la instrucción aceptan la orientación de aquel que no tiene pasado alguno como docente.

 Treinta períodos lectivos en cinco días, grupos de veinticinco alumnos y alumnas, desafían cualquier compromiso con cualquier preparación individualizada.

 La Excelencia sería inviable sin las horas – no remuneradas, claro – ocupadas en la corrección de tareas y preparación de contenidos, por parte de profesores y profesoras, fuera de aquellas recogidas en un contrato.

 Imaginen …

Imaginen … la llanura de Mecone. XCII.

La llanura de Mecone.

 Comunica Jean-Pierre Vernant que un proverbio griego afirma que la sola posesión de tierras en este llano asegura la riqueza, pues el lugar es ubérrimo y los cultivos y las cosechas no se ven afectadas por condiciones atmosféricas adversas o por malos años. Fue Mecone la llanura donde, una vez, convivieron dioses y hombres.

 Creamos en esta bendición. En llanuras y en jardines altos: en éstos hallamos colegios privados donde, sin importar la añada, los cultivos y las cosechas no sufren aflicción alguna. La riqueza asegurada, así.

 Una diferencia acierto a declarar, no obstante: dioses y hombres aún cohabitan los jardines.

Imaginen … a Eris secreta. XCI.

Papá y mamá creen en la competencia y la temen; la elección de un centro educativo privado para sus vástagos es una pretensión – una vívida ilusión – de controlar la competencia desde la aprensión a ese tipo de sociedad que la misma competencia crea. 

Esta otra disciplina reciben hijos e hijas: dinero es control, dinero es distancia. El bienestar así fabricado permite percibir control y distancia como valores en una sociedad de competencia.

Naves hostium.

Es una política simple: obsequiar al enemigo. 

 Observar al propietario del centro privado descender la cuesta, ya alargando un libro en la mano. Simenon, Maigret. De mi biblioteca personal, escucharle afirmar. Mañana de invierno. No sentir el frío, de pronto. 

 Conocer del enemigo para ir derruyéndole.

Joachim Schwabing – Cadáveres crecer. Imaginen … LXXXIX.


Recojo aquí, con la autorización expresa del autor, este relato.

Joachim Schwabing – Cadáveres crecer.

 Creo que no se ha repetido. El sueño. 

 Las palabras que voy a escribir son …, quiero decir, … Ya están desleídas las imágenes, sé. La transcripción que sigue es falsa, como toda transcripción. Mi autoindulgencia esbozó que la distinguiera aproximación y que lo intentara.

 Los camiones alcanzan el campo de plantación. 

 De los vehículos descienden, sonrientes, niñas y niños que, apresurándose, acceden al recinto.

 Los camiones parten.

 Tras las rejas tras los cristales en las ventanas, oleosas cabezas de cadáveres aún sonríen. Observan los vehículos.

 Los camiones regresan.  

 Ya recolectada, cargan la añada. 

 Muchas veces he reescrito el texto. Desasosegado, me detengo ahora. Continuaría considerándolo, hasta que el sueño fuera una palabra sola que sólo yo entendiera. Si palabra.

 Es todo.

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