Imaginen … la contingencia absoluta. LXXVIII.

En realidad, secuenciados los elementos plan de un crimen, ejecución de un crimen, investigación policial y justicia, la policía siempre aparece cuando ya se ha dado un cadáver. El viviente necesita, como verdad del diario quehacer, la seguridad de la justicia como verdad del diario quehacer. Parte del mecanismo, es la justicia una aspiración sólo. Y es la solidez de la aspiración aquella seguridad.

Si este mi cuerpo no ha aparecido, aún, sin pulso en una calle, es porque un plan no ha sido ejecutado. Mas puede serlo. Y entonces la policía aparecerá cuando sea puesta en aviso. Y la justicia habrá sido una aspiración que quien ha ejecutado el crimen ha secuenciado en primer lugar.

Imaginen

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Extraído de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, de George C. de Lantenac, en traducción de Albert Sans. Su reproducción en este blog se hace con el consentimiento expreso del traductor, cuyos derechos de autor están registrados.

Aitía: el suicidio.

 

Aitía: el suicidio.

Jehová disipó la presunción de la omnisciencia. Fue el Cristo y supo sólo entonces que ser hombre es horrible. Fue así que inclinó su pasos hacia la detención del pulso y del hálito. Manual del suicidio. Pero aceptó la tortura.

Huyó.

En la Cruz, el hombre emocionó abandono y a su través Jehová mostró su humanidad: mintió para mover a piedad hacia Él, y, por Él, hacia los hombres.

 

George  C.  de Lantenac, Ensayo sobre la muerte de Jesús de Nazareth. Traducción de Albert Sans; texto reproducido con su expreso consentimiento.

 

 

Imaginen … la transferencia de la Cruz. LI.

 Contratar a sacerdotes, a monjes, que, dejado el hábito o uniforme, no han dejado la profesión. Ofrecer un nuevo ideario a hombres que creen en la Visión pero que que se perdieron en la Misión. Saber que tales hombres sufren por el abandono de ésta y tender la mano de la salvación. 

 Centro educativo privado. Congregación o empresa.

 Lo admito. Es admirable.

 

 

George C. de Lantenac – Un barco en un jardín.

Un barco en un jardín.

Las instituciones sustentadas con capital privado que rechazan una evaluación externa de la organización de sus programas se mienten objetividad en la subjetividad retroalimentada que llama libertad a lo arbitrario no contrastado. Es un estado absoluto cuyo principio es una oposición en la forma de una negación de verosimilitud a otras lógicas. La ausencia de reconocimiento de una relación positiva dialéctica – dialéctica ciega -, la imposibilidad de principio de ser cuestionadas, tiene la consecuencia de apuntalar la razón de la objetividad ficticia de las instituciones.

La dialéctica ciega y autocomplaciente es un barco construido para decorar un jardín. No sabe del mar y de sus olas, mas su artesano ha imaginado los elementos sólo para crearlo altivo a su respecto. De ellos vencedor siempre. La convicción literaria, su fe, no sabe ceder.

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La reproducción del texto de George C. de Lantenac se realiza con el expreso consentimiento del traductor de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, Albert Sans.

Imaginen … Ánthrōpos métron. XXVI.

Imaginen una empresa; imaginen que, al comenzar la hora del almuerzo, quienes en ella se emplearan comenzaran a caminar en dirección al lugar donde el alimento fuera servido, pero que tal lugar correspondiera a otro edificio, algo alejado de las oficinas pero a su mismo terreno perteneciente.

Imaginen ahora que un empleado azarosamente hallara, en la transición que sería el trayecto desde las oficinas hasta el edificio, a otra empleada cuya otra afinidad tampoco fuera disímil en la circunstancia de las silbantes tripas.

Imaginen entre ambos la siguiente conversación:

– ¿ Al comedero te diriges ?

– ¿ Disculpa ? … ¿ Al … ?

Comedero, ¿ tú no lo llamas así ?

– ¿ Al comedor ? No … ¿ Se te ha ocurrido a ti lo de comedero ? Porque …

– No, se lo he escuchado a varios jefes de departamento … Me divierte: comedero.

– Bueno …

– Y es que el sitio de marras no es estrictamente hablando un comedor. Fíjate en esta circulación de personas hacia un mismo punto… Desde otra perspectiva, no sé, desde una cierta altura pareceremos una riada …, o ganado. Sí, comedero es una acertada elección. Por algo la usarán quienes la usan, digo yo.

El empleado y la empleada se separarían a la entrada del comedero. Él o ella en sombría mas no novedosa expresión facial.

Imaginen ahora que esa empresa fuera una institución educativa privada; que quienes así hablaran, docentes, formadores. Y que aquella circulación de personas estuviera compuesta, lindando la totalidad, por alumnos y alumnas.

Comedero es una medida.

Imaginen … la excelencia macular. XXV.

Imaginen una empresa. En ella un pasillo y, en él, dos empleados. Imaginen que uno de ellos comenzara una conversación, en el solo interés del alivio por la palabra:

– ¿ Qué es lo primero que haces después de llegar a casa ?

– Leo – mentiría aquel a quien se dirigiera -. Siempre leo.

– ¿ Lees ? Claro, para intentar alejarte del recuerdo de este lugar … Yo no, … Vas a reírte …, pero yo me ducho, no sé, me voy sintiendo sucio durante el trayecto a casa según va tomado poso mental una imagen unificada de las palabras que he pronunciado, de las cosas que he hecho, de a quién me he dirigido … No, no, no lo digo por ti.

El empleado que así hablara hizo la primera pausa. Corta.

– Ya, sí, lo sé, es pueril, es mala poesía.

Siguió una más larga segunda pausa.

– Pero ya no lloro.

El empleado que había escuchado se preguntó cómo la excelencia publicitada por tal institución empresarial no bendecía a quien para ella trabajaba. Cómo.

Una empresa privada como un colegio: sobrevivir por el veneno que mata.

Imaginen … διαίρει καὶ βασίλευε. XXIII.

Imaginen un despacho en una empresa; oxidado el metal de su ventanal, de ocasión la puerta. En tal habitación, dos empleados en conversación confesional abismados. Habla el más avejentado.

– ¿ Sabes ? Desde donde te hallas sentado, el presidente me habló y me reveló su divisa: ‘Divide y vence‘. Y así continuó:

Esta compañía es inmensa, tiene muchos trabajadores, muchos … Que sospechen unos de otros tiene el efecto del autocontrol, de la persona, del grupo … que es un control como yo jamás podría ejercer directamente … con tanta efectividad. ‘

Imaginen que tal empresa fuera un colegio calificable de privado. Imagínenlo como un panóptico y su solvencia.

George C. de Lantenac – La esencia como apelación del autoritarismo al autoritarismo: el discurso hipostático.

 

La esencia como apelación del autoritarismo al autoritarismo: el discurso hipostático.

 

 Apelar a la naturaleza es apelar a lo fijo y a lo variable finito o controlable. En ella, y a diferencia de la semilla, la sangre o la raíz, la esencia es más literaria, no meramente una comprensión desplazada. La esencia es un vacío como un dios que no responde cuando es interpelado: ha de llenarse, y se llena del contenido de lo experimentado y de su emoción. Ello necesita de una creencia previa: la de la individualidad. Así, lo abstracto se ha concretado en un concepto; lo único separado pero accesible y permeable: una mónada sociable. Tal dialéctica de lo uno entre todos, supura lo distinto: el tirano crece romántico e infantil.

 Así, apelar a la esencia es apelar a la salvación de un ámbito llamado yo. Donde el individuo sólo es una percepción, un flujo aquietado para un uso de orden en el reconocimiento – constructo de la otredad–, aparece la aspiración al imperio del yo atenido a otro concepto: el de la mismidad. La mediada adhesión al reflejo crea la propiedad, y la propiedad conlleva una responsabilidad. Ahí surge la salvación: nada más propio que esas emociones que crean un marco. La esencia se acaba por limitar: yo soy la esencia. En su fundación, el límite-yoesencia no es sinónimo de defensa: es la defensa misma.

 Quien apela a la esencia, así, apela al contra todo y todos que no sean esos sentimientos. Se invita a la voracidad, a la competencia. Es el triunfo de la religión de la individualidad personificada – Capitalismo, Cristianismo –: el ser humano individualizado da contenido al dios y lo define. Es la religión del dios-yo cuando la esencia tiene tantas definiciones como experiencias distintas le dan referencia.

 Por ello, teman a quien remita a la esencia: es un sacerdote que apunta a la responsabilidad de ustedes en relación a una idea no identificable sólo perceptible en la convicción, la cual crea identidad o individuo. Y ustedes serán manipulables, manufacturables, moldeables, pues algo que es porque se dice que es, puede ser cualquier cosa. Y ustedes serán útiles de un propósito que creerán propio, pero que depende de un plan previo.

 Huyan de los rectores de la esencia: buscan su disolución en la uniformidad de la militancia, de la feligresía. No les quieren diferentes o libres, pues la libertad no cabe en el límite, a menos que sea un concepto. Sólo quieren que crean en una diferencia o una libertad.

 El número de creyentes confirmará razón al plan y la razón del plan organizará su lógica. La tiranía del yo es ahora compartida en la común creencia en la esencia: la comunidad se ha establecido, la evidencia permea todo hábito. Lo autoritario tiene patente de corso.

 Autoritarismo: estructura de su fe.

 

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 La reproducción del texto de George C. de Lantenac se realiza con el expreso consentimiento del traductor de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, Albert Sans.