Hermano.


Hermano.

 Caminaba junto a mi compañera por la acera. Yo sujetaba el teléfono con varios dedos de mi mano derecha mientras ella llevaba el suyo en un bolsillo del pantalón. Fue de pronto que escuchamos una voz que a mí se dirigía y acercaba y que me hizo girar la cabeza y ralentizar el paso para caminar al lado de su emisor:

– Hermano, no sostengas el teléfono tan despreocupadamente y tan cerca de la carretera. En esta ciudad, los jóvenes no saben ganarse la vida.

 No habló en el idioma que uso para escribir este texto. Le agradecí sus palabras y le observé alcanzar la altura de mi compañera – que tampoco había dejado de caminar – y superarla. Un hombre, no ya joven, pulcras las ropas. Tomó un callejón y en su penumbra ya no supe descubrirle.

 Conmovido – yo – fue la impresión de que brotaba una justificación – inmediata, diría, pues acaso buscada o esperada -: toda la porquería que mis ojos han visto en esta ciudad – en este país – ha aguardado la apelación de un hombre en la cual, si creyera en la memoria, afirmaría que se creó un recuerdo.

 Mi compañera se había detenido y me esperaba. En un bolsillo de mi pantalón el teléfono.

——

( … ) toda la porquería que mis ojos han visto es una traducción – espero – al Español de all the filth my eyes have seen, parte de un verso incluido en la canción For all compuesta e interpretada por el músico noruego Roy Khan.

Imaginen … Vis a tergo. CV.

– Miente, …, miente mucho.

 Lo enunció quien con Julian Mathews hubiera trabajado, hasta entonces, unos veinte años.

– Nos dejas. Bueno, seguiré tus pasos en dos años … Julie habrá terminado su último curso para entonces.

 Julian lo declararía ante mí. No supo evitar, antes, sonreír. 

 Cumplido el tiempo de la graduación de la hija, el profesor no abandonaría el centro educativo privado. Una de las imágenes recientemente exhibidas le muestran en pie sobre un peldaño. Vasto, notable, pintado. 

 Disiento, no obstante, de la afirmación de aquel profesor primero: Julian Mathews nunca ha mentido.

Imaginen … el pulso del orden. CIV.


Imaginen un centro educativo, privado, que agrupara a un número de estudiantes no inferior a la cifra de dos mil quinientos. Imaginen ahora que en sus instalaciones, erigidas cara al sol de la Excelencia, apenas se contara un aula con acceso adaptado a personas con diversidad funcional. 

 La Excelencia tiene sus filtros. Éste es otro. 

 Díganlo, no teman: es una depuración. Es ésta su libertad. El rechazo a una niña que precisa de una silla de ruedas para desplazarse es constitutivo. Pero es peor: al menos dos mil quinientas familias creen que una niña que precisa de una silla de ruedas para desplazarse ha de ser purgada. Porque es constitutivo. Cada factura mensual es una cuota de fidelidad para la conservación de la fuente de aquella libertad.

 Imaginen …

Robert Graves ( 1895 -1985 ) – Symptoms Of Love.

Symptoms Of Love

Love is universal migraine,
A bright stain on the vision
Blotting out reason.

Symptoms of true love
Are leanness, jealousy,
Laggard dawns;

Are omens and nightmares –
Listening for a knock,
Waiting for a sign:

For a touch of her fingers
In a darkened room,
For a searching look.

Take courage, lover!
Could you endure such pain
At any hand but hers?

—-

This poem belongs to the public domain.

Imaginen … Brevedad del fascista. CIII.

Fueron sus palabras:

– Si no pones precio a tus libros, si no los compran, no sabes quién te lee.

 Sorprendida mi percepción en presente, la etiqueta refiere que fue 2008 el año de la grabación. El fascista querría significar cuántos te leen. Nítida su poética: razón de la aprobación y la satisfacción en sociedad, a la ganancia vinculadas. La escritura, así, necesariamente conmovida en tal dialéctica. Es el éxito o no, amigo. Es tu dicha, amiga, lo que está en juego en esta partida de validación con quienes consideres miembros de tu comunidad.

 El fascista ha sido llamado Jefe del Departamento de Lengua. Es él quien promueve los concursos literarios en el centro educativo privado. De nuevo la poética: la aprobación y la recompensa. Honra, sólo, – acaso, pronto, vanidad – en la sanción.

 El fascista se rodea de niños, de niñas, y en sus espectros de gloria se educan. Es el mercado, amigo.