Joachim Schwabing – El código.

 

El código.

 

Desde la villa se podía observar el árbol y a su cuidador sobre la breve colina. Habitante a sus raíces, cuando los colonos llegaron al llano él ya estaba allí. Un muchacho entonces, el anciano disponía de frazadas y ropajes y utensilios para cocinar y comer muy desgastados por el uso. Para no incomodar a quienes habitaran la villa, siempre había bajado de noche al río a asearse; si bajaba de día, lo hacía para lavar ropas y utensilios, usando el jabón que le ofrecían las mujeres que allí solían encontrarse. Pues nunca había pedido nada. Ni comida. Cazaba. Los villanos se acostumbraron pronto a su presencia y a su existencia pulcra y pacífica.

Mas el muchacho que allí envejeció se había ocupado pronto en una tarea de vigilancia, aunque no hasta entonces de defensa.

El anciano fue un muchacho que fue un soldado. Antes de los colonos, allí frente a la colina, se forzó una batalla; el muchacho y su regimiento fueron derrotados. Él solo no participó en la consentida huida y un desconcierto le ahorcó de una rama del árbol solo de la colina. No se escuchó crujido del cuello alguno y los soldados enemigos partieron. Cuando se recuperó del desfallecimiento, el muchacho se agitó en la oscuridad y su miedo y la poco resistente cuerda le dejó caer sobre la tierra.

La guerra había terminado, el muchacho lo supo cuando los colonos comenzaron a llegar. Pero también él había sido derrotado en una batalla y honorablemente luchado y aceptado la ejecución.

En la espera de la llegada de quienes habrían de matarle, el anciano cuidaba el árbol. Aún soldado.

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© Protegido.

Imaginen … la sonrisa y sus dientes. II. XXVIII.

El empleado habló así:

– El presidente me insta a adquirir una vivienda. Insiste hasta la náusea.

La empleada se irguió en su asiento, ladeó la cabeza y miró desde los vértices de los ojos.

– Así es como te compromete. Así es como deber y dócil se asimilan en sinonimia primero. En identidad después. Finalmente en olvido de sinonimia e identificación: imposible la diferenciación.

El empleado asintió. La empleada continuaría.

– Es tarde para mí, para los míos, víctimas de mi miedo. Encadenadas a una vergüenza que no ignorarían aunque me ocupara ocultarla.

La empleada se levantó y salió de la habitación. El empleado escribió las primeras palabras.

Empresas: valles de los caídos.

Es una fórmula: una empresa es una reputación y un nombre o marca; en el mercado, la marca ha tener la impronta del monumento: su imponencia, su ser reconocible. Quienes transitoriamente sean utilizables en una empresa lo harán en el nombre de un proyecto que es identificado con la marca y el producto que es vendido. Mas la potencia consumidora que recibe la marca o el nombre desconoce a los hombres y mujeres que dan su impronta de reconocible al monumento.

Hombres y mujeres que en premura de desalojo marcharán, fugaces: olvido entonces, mas no para el presidente de la compañía, para la directora de la institución, cuyos nombres serán recordados, pues, como la marca, no han de estar expuestos a caducidad.

Caídos y caídas, hombres y mujeres a quienes se trata como a un enemigo – pues locura es la inclinación a un sentir que pueda acusarse de vario – y cuyas vidas han enterrado en un monumento que obviará sus nombres en la grabación, pues unos pocos apenas han de ser los indelebles. Mas el dolor aun multiplicará sus aguijones frente a la imagen de que éste, ellos, ellas, no han tenido significación efectiva, pues otros y otras podrían haber ocupado sus lugares: dolor de haber sido forma para un contenido ajeno, llamado propio en el callejón sin salida de la desesperación o de la edad.

Pero aún hay un triunfo último de las presidentas, de los directores: la sonrisa del moribundo o de la mujer que agoniza en el recuerdo orgulloso de su participación en el monumento.

Miren el valle: caminamos sobre tumbas desconocidas.

Imaginen … Streaming live. XXIV.

Imaginen una empresa. A continuación, a su través, esta murmuración: el presidente ha pedido realizar una configuración especial en los ordenadores de todas las zonas comunes, de todos los despachos, de todas las salas de reunión … : los micrófonos de tales aparatos han de hallarse conectados a su ordenador, así que el presidente pueda escuchar cuanto ocurra en zonas comunes y despachos y salas …

Ahora, acompáñenme en un arbitrario paseo por algunos de aquellos lugares y descubran conmigo que varios ordenadores muestran un adhesivo cegando – valga y disculpen la sinestesia – los micrófonos. Imaginen preguntar a las usuarias y a los usuarios de los ordenadores por qué tal alarde de imaginativa decoración. Imaginen escuchar la siguientes palabras: no confía en nadie, es capaz de todo. Nos ha pedido que conectemos los ordenadores tan pronto lleguemos …

Empresa o colegio privado; despacho o aula. Trabajar y tener ignorados espectadores.

Streaming live !

More than nine hours a day !

No money down !

Can you imagine ? !

George C. de Lantenac – Spinoza.

Spinoza.

El muchacho entró en la cámara y se detuvo. Habló, sin volver a dejar cerrado el portón.

– ¿ Me ha reclamado ?

El anciano, en pie, ante la luna del mueble, ofrecía un perfil al recién llegado.

– Has cambiado – le respondió, atento a la imagen ante él -.

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George C. de Lantenac, Spinoza, obra desconocida. Texto completo. Se reproduce con el expreso consentimiento del traductor del mismo al Español, Albert Sans.