George C. de Lantenac – Contra la Excelencia. Imaginen … LXXXI.

Contra la Excelencia.

Una empresa sólo puede ofrecer Educación como producto de mercado. Y en el mercado, todo producto ha de presentarse como no menos que Excelente. La empresa ha de obtener beneficios – es, por ello, empresa -. 

 La Excelencia Educativa es una oferta privada; sus valores, estrictamente singulares: valor, precio, coste. Es, sin embargo, la excelencia educativa ofrecer educación a quienes no pueden acceder a las ofertas de mercado que han de perpetuar las clases sociales en nombre de la Excelencia de valor. 

 Recuerde: si usted no puede acceder a la oferta, usted no es Excelente. Su medida, la de usted, es la de un producto de mercado. También si usted puede acceder. En ambos casos, son ustedes la clasificación – el juicio – desde un despacho.

 Rechácenla.

——

 La reproducción del texto de George C. de Lantenac se realiza con el expreso consentimiento del traductor de la obra Ensayo sobre la Muerte de Jesús de Nazareth, Albert Sans. El título dado a este texto traducido es, al tratarse de un fragmento, una propuesta del propio Albert Sans.

Invidia.

Invidia recoge los textos clasificados como Imaginen … en joaquinplana.wordpress.com y numerados de LXI a LXX. El volumen contiene, además, cinco haikús puros no aparecidos hasta ahora.

Descarga segura y gratuita:

https://www.bubok.com.ar/libros/266675/Invidia

https://www.tuslibros.com/ebook/Invidia

Invidia es el quinto volumen de la serie Imaginen …, a la que también pertenecen las obras Cueva de Ilotas Exánimes, Extenuación por la Implacable Sosa, Purdah y La piedra de Heráclea.

Imaginen … el sueño. LXX.



Me has escrito que, tras descubrirte, usó a su familia para evitarse un saludo. En una calle de Siviglia. Bueno, Julian Mathews es un hombre con un plan o con la imagen de un plan o con la creencia en un plan; su emoción lo hace ser percibido lógico – tan poderosa en justificación que es límpida obviada -. De la misma matriz, el sueño.

El enigma de Julian es la proyección de la imagen del enigma de Julian. Sólo.

Que lo ocurrido no te impida dormir, como a él se lo impide.

Imaginen … la visión y la misión. LXVII.

Esta historia tampoco la conocéis.

——

 Recibí la llamada durante un viaje en tren; la voz me pedía que, por favor, comprara un árbol para el jardín do su empresa está sita.

 – Tu región es rica en viveros. 

 Pero continuó:

 – ¿ Sabes ? En la Odisea, Homero habla de las bayas que comían los lotófagos, …, y yo creo que son de ese árbol que te he pedido. Quiero plantarlo en la entrada, cerca del caminillo, a la izquierda, …

 Alcancé mi hogar; unos días después, me encontré en un vivero preguntando por el árbol de Homero. Unas semanas después, el árbol se plantaba en el jardín; de pie ante él, junto al hombre que solicitó la compra, inquirí aún. Hallen aquí el equilibrio de la manía: 

 – Las bayas que comían los lotófagos de Homero causan la pérdida de la memoria; los hombres de Odiseo que las probaron, olvidaron todo pasado y sólo deseaban quedarse allí hasta el final de sus días.

 Hallen aquí la visión y la misión.

 ——

 Noten que he callado el nombre del árbol.

Imaginen … el señor de esas tierras. LXV.

 El señor de esas tierras, por Albert Sans.

                                                                

El señor de esas tierras gustaba de ostentar ser el noble que cazaba el mayor número de ciervos. El señor de esas tierras los hacía amontonar en el puente levadizo tendido sobre el foso para que la sangre de los cuerpos tiñera las aguas y condujeran así la nueva de la repetida hazaña.

No obstante.

Inadvertibles entre los troncos de los árboles, en el bosque frente al castillo, solían observar los ciervos exhibidos quienes los habían matado para el señor de esas tierras. Otra tradición del mismo señor les arrancaba la lengua. Finalmente, partían de regreso al poblado. Mas volverían. Para de nuevo cazar y de nuevo depositar los animales muertos donde acababa el bosque frente al castillo. Ya en el poblado, a sus habitantes alcanzaba el eco de los festejos del noble, preguntándose siempre, cada vez, cuál habría de ser la causa.

——

 

El texto El señor de esas tierras fue escrito por Albert Sans tras compartir con él el siguiente párrafo – entonces borrador, ya texto definitivo –:

 Imaginen alumnos y alumnas de un centro privado, recurriendo a profesores y profesoras particulares, a academias de refuerzo escolar, para completar esa educación publicitada por el centro como personalizada, y que ese centro afirmara recoger una cosecha resultado de su solvencia.

Imaginen … doscientos euros más cada mes. LXIV.


En respuesta a fefl44, ianaschez y 36ccd:


Bueno, la mayoría de los padres sabían – saben – de ello. A continuación transcribo partes de distintas conversaciones grabadas:

‘ A mi hijo no le ayudáis como a otros que no hacen ni el huevo y llegan tarde a clase todo sudados después de comer y … y si el profesor le dice algo, pues el crío le grita … al profesor … Como entre ellos se dicen las notas, pues sabemos las notas de todos. Mi hijo se mata estudiando pero ése tiene un apellido que yo no tengo.

——

Nos hemos acostumbrado poco a poco … Cuando las notas finales van a salir, bueno, los días anteriores, Laura está más callada. Ella va a tener buenas notas, como siempre, pero sus amiguitas, las que se la pasan entre el maquillaje y los teléfonos en los retretes, que no han sacado un Bien ni de potra, van a tener Bien, Notable, Bien, Suficiente … y así. Mi Laura está más callada … y soy su madre y qué hago, qué le digo. [ Suspiro ] Por lo menos no se deja … supongo que lo ve en casa, que su padre y yo …

——

Qué vergüenza de tutor … tú y la otra y el otro. Aprobando a [ omito el nombre ] porque su padre tiene bares y tal, ahí en [ omito el nombre ]. Y luego que le ha metido el puño en las costillas a otro, que yo lo he visto, el sello marcado … y aquí está porque el padre tiene perras.

——

Gracias por vuestros comentarios. Siempre.

Un saludo.